Cartas a Vincent — Blog

El momento justo, el justo momento

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Te conocí en el justo momento.

O en el momento justo.

O cualquiera de los dos, da igual, el orden de los factores no afecta el producto ¿no es así? 

Y fue notable la chispa que sentí en el momento que crucé palabras contigo, en esa forma juguetona que tú solo tú posees, pues fue tan fuerte como la descarga de energía que se libera en tu cuerpo justo después de golpearte en el codo ¿sabes? como entrar en un mini momento de éxtasis, exactamente así fue. 

Te odie por tus burlas, me reí de ellas más tarde, te admiré por ser tan único, me gustaste días después, intercambiamos miradas y muchas palabras. 

Finalmente caí. 

Por ti. 

Y es que, ¿cómo no hacerlo? si sabes como sacarme la mejores carcajadas que jamás había oído, las sonrisas más brillantes que jamás había visto y como no, los mejores berrinches que jamás había hecho alguna vez (aunque esto no es muy digno de admirar) y es que fue inevitable no caer en redondo con tus ocurrencias.

Así como de inevitable fue el enamorarme perdida, loca y profundamente de ti, ¿que es pronto? usemos las frases cliché: para el amor no hay tiempo ¿o era edad? en realidad, da igual porque cada día que pasa puedo constatar que es amor lo que siento y espero sentir por un largo tiempo más.. si es posible hasta siempre. 

Que te amo, te que adoro, que te quiero. Y como dice Sin bandera: Le pido a Dios que me alcance la vida par decirte todo lo que siento gracias a tu amor y quiero estar contigo si vuelvo a nacer. 

Eres mi calor en las noches frías, mi refugio en las épocas azules, mi cordura en mis arrebatos de locura ¿o era al revés? 

No sé como llegué hasta ti, pero solo tengo algo que decir: gracias por llegar a mi vida, espero que te quedes, prometo ser una buena anfitriona. 

Te amo y te amaré mientras dure. ¿Te sirve así? 


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